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Familia Akel: Un salto en la vida de las nuevas generaciones
Familia Akel: Un salto en la vida de las nuevas generaciones

Familia Akel: Un salto en la vida de las nuevas generaciones

Cada mañana, a las siete y media, la casa de la familia Akel en el madrileño barrio de Prosperidad se activa con una coreografía precisa. Amal (1981), la madre, es la primera en salir a su trabajo como auxiliar en una clínica dental. Samer (1977), mientras tanto, prepara el desayuno para sus tres hijos mientras que Nura (1960), la abuela, les ayuda a prepararse antes de irse al instituto. Lo que ahora parece una escena mañanera cualquiera, para los mayores de la familia hubiese sido un sueño. La migración representa un salto en la calidad de vida de las nuevas generaciones.

La juventud de unos y otros

Los seis llegaron a España en 2016, junto con tantas otras familias Sirias que también huían de la Guerra Civil. Una traumática despedida que, sin embargo, se transformó en la oportunidad de romper dinámicas entre generaciones. Samer observa esa normalidad con una mezcla de orgullo y extrañeza. Su propia infancia en las afueras de Damasco fue estable hasta que dejó de serlo. Creció en un entorno donde la escuela era importante, pero no siempre garantizada. “Nosotros estudiábamos pensando en el presente. Ellos pensando en el futuro”, resume.

La diferencia se nota en los detalles. Hanan, la hija mayor, ha viajado con su clase a Bruselas y participa regularmente en concursos de debate. Mientras que maneja castellano con soltura y escribe en árabe con la misma soltura que cuando habla con sus primos por videollamada, su madre recuerda que a su edad, 15 años, ya ayudaba de forma permanente en la economía familiar, vendiendo en los mercados de la capital siria.

La abuela Nura, resume el cambio en una frase sencilla que nos traduce su hijo Samer: “aquí los niños pueden ser niños”. Su nuera lo matiza: horarios regulares, estabilidad económica, actividades extraescolares, parques llenos, revisiones médicas… Mientras tanto, en Siria, la escolarización de Hanan y sus hermanos Leila y Hassan sufrían interrupciones constantes por el conflicto iniciado en 2011. Una guerra que en el 2015 le quitó la vida a dos de sus primos, tras un bombardeo que, precisamente, les cogió en el colegio. Ahí tuvieron claro que era el momento de marcharse.

La migración como nueva oportunidad

Para los padres, la infancia estuvo marcada por responsabilidades tempranas y un horizonte que se estrechó por rel conflicto. Para los hijos, el horizonte se ha ampliado. «Nosotros perdimos parte de nuestra juventud», reconoce Amal. «Ellos no tienen por qué perderla». Mientras lo dice, Hassan repasa sus apuntes de Biología, Leila prepara su mochila para el entrenamiento de fútbol y Hanan sale de casa para quedar con sus amigas. Bajo el miso techo conviven dos infancias: una que se interrumpió demasiado pronto y otra que, al menos por ahora, avanza con la tranquilidad de lo previsible.

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